Muchos jardines ya tienen el pasto puesto cuando se decide automatizar el riego. Eso no significa empezar de cero: la tubería se instala abriendo zanjas angostas, justo por donde va a pasar cada línea.
El pasto se levanta en tiras, a un lado de la zanja, y se vuelve a colocar en cuanto la tubería queda enterrada y probada. Así el jardín se recupera en poco tiempo y no hay que volver a sembrar.
Es uno de los factores que más influye en el costo de una instalación: no es lo mismo trabajar sobre tierra sin sembrar que sobre un pasto que hay que cuidar.